El sol nos olvidó ayer sobre la arena, nos envolvió el rumor suave del mar, tu cuerpo me dio calor, tenía frío, y allí, en la arena, entre los dos nació este poema, este pobre poema de amor para ti.
Mi fruto, mi flor, mi historia de amor, mis caricias.
Mi humilde candil, mi lluvia de abril, mi avaricia.
Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos: los leones la levantan y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa.
No soy un de pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza? ¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas, ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería, señores de la labranza, hombres que entre las raíces, como raíces gallardas, vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos de humildad y olor de cuadra; las águilas, los leones y los toros de arrogancia, y detrás de ellos, el cielo ni se enturbia ni se acaba. La agonía de los bueyes tiene pequeña la cara, la del animal varón toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas.
Cantautor gallego nacido en 1972 en el pueblo marinero de A Guarda. Defensor a ultranza del gallego, entiende que es necesario una férrea postura en la cuestión idiomática. El contenido de su repertorio en sus actuaciones es el resultado del tratamiento de adaptaciones de piezas populares mezclado la palabra de los poetas.
NA PRAZA LIBERADA…
Letra e Música: Tino Baz
Na praza liberada o pobo así cantou. Formaron os melros un coro de anxos coas frautas douradas tremendo de amor ao ver anovadas as podres silveiras do berce do odio, da vil sinrazón.
Acedas e mortas cheiraban a rancio somente acollían a pel do opresor; pluma corroída, macabro paxaro, maldito mesquiño, tirano cantor.
No monte os toxeiras de novo agromaron, a luz da chorima enfróntase ao sol, chea de carraxe coa saiva encantada ao non ir murchando vírase canción.
Canción que acompaña ao berro da rúa querendo afastar a tal criminal, praza liberada, terra verdecida,
semente que trae un limpo mañá. Erperta memoria non traias esquezo que o intre é de luz e torna a virar;
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En la plaza liberada el pueblo así cantó. Formaron los mirlos un coro de ángeles con las flautas doradas temblando de amor al ver renovadas las pobres silveiras de la cuna del odio, de la vil sinrazón.
Ácidas y muertas olían a rancio solamente acogían la piel del opresor; pluma consumida, macabro pájaro, maldito mesquiño, tirano cantor.
En el monte los abulagares de nuevo brotaron, la luz de la *chorima se enfrenta al sol, montón de cólera con la *saiva encantada al no ir *murchando se había visto canción.
Canción que acompaña al grito de la calle queriendo alejar la tal criminal, plaza liberada, tierra verdecida,
semilla que trae un limpio mañana. Experta memoria no traigas olvido que el rato es de luz y torna a girar;
En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal,
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos todos me miran mal
Salvo los ciegos es natural.
Cuando la fiesta nacional
Yo me quedo en la cama igual,
Que la música militar
Nunca me supo levantar.
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado.
Intenté buscar tu imagen y la noche era una loba que se iba. Llueve lento en la avenida y los árboles me miran al pasar. Me sumerjo en ese río de los coches y la gente que camina, una vez más…
Los relojes se han parado, pido fuego y alguien pasa, va corriendo en los cubos de basura una sombra busca algo que comer. Llueve en los escaparates y unos jóvenes se besan en la acera, va a amanecer…
Buscaré tu cabellera de lejano cometa no estaré ni un solo día cansado de soñar, cantaré con la alegría del que va siempre a tu lado Mi libertad.
La canción de autor tiene una gran tradición en los países de cultura mediterránea de Europa y en la mayor parte de América Latina.
Es un género reivindicativo de gran tradición contra las injusticias sociales, pero también puede incluir canciones sobre el tema de la juventud y sobre todo del amor. Tuvo su época dorada en los años 60 y 70 ligado a los movimientos sociales que se desarrollaban por lo que se conocia como canci.ón protesta.