Corre o vento, o río pasa

Rosalía de Castro

Amancio Prada

Corre o vento, o río pasa.
Corren nubes, nubes corren
camiño da miña casa.

Miña casa, meu abrigo,
vanse todos, eu me quedo
sin compaña nin amigo.

Eu me quedo contemprando
as laradas das casiñas
por quen vivo sospirando.

Ven a noite..., morre o día,
as campanas tocan lonxe
o tocar do “Ave María”.

Elas tocan pra que rece;
eu non rezo que os saloucos
afogándome parece
que por mín tén que rezar.

Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.

El niño yuntero

Miguel Hernandez

Joan Manuel Serrat

Carne de yugo, ha nacido
Más humillado que bello,
Con el cuello perseguido
Por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta
A los golpes destinado,
De una tierra descontenta
Y un insatisfecho arado.
Entre estiércol puro y vivo
De vacas, trae a la vida
Un alma color de olivo
Vieja y ya encallecida.
Empieza a vivir, y empieza
A morir de punta a punta,
Levantando la corteza
De su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente
La vida como una guerra,
Y a dar fatigosamente
En los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe
Y ya sabe que el sudor
Es una corona grave
De sal para el labrador.
Trabaja y mientras trabaja
Masculinamente serio,
Se unge de lluvias y se alhaja
De carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte,
Y a fuerza de sol, bruñido,
Con una ambición de muerte
Despedaza un pan reñido.
Cada nuevo día es
Más raíz, menos criatura,
Que escucha bajo sus pies
La voz de la sepultura.
Y como raíz se hunde
En la tierra lentamente,
Para que la tierra inunde
De paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento
Como una grandiosa espina,
Y su vivir ceniciento
Revuelve mi alma de encina.
Lo veo arar los rastrojos,
Y devorar un mendrugo,
Y declarar con los ojos
Que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho,
Y su vida en la garganta
Y sufro viendo el barbecho
Tan grande bajo su planta.
Quién salvará a ese chiquillo
Menor que un grano de avena?
De dónde saldrá el martillo
Verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón
De los hombres jornaleros,
Que antes de ser hombres son
Y han sido niños yunteros.

Milonga del solitario

Atahualpa Yupanqui

Me gusta, de vez en cuando,
perderme en un bordoneo,
porque bordoneando veo,
que ni yo mismo me mando.

Las cuerdas van ordenando,
los rumbos del pensamiento,
y en el trotecito lento
de una milonga campera,
va saliendo campo ajuera,
lo mejor del sentimiento.

Ninguno debe pensar,
que vengo en son de revancha.
No es mi culpa si en la cancha,
tengo con qué galopear.

El que me quiera ganar,
hai' tener buen parejero.
Yo me quitaré el sombrero,
porque así me han enseñao,
y me doy por bien pagao,
dentrando detrás del primero.

Siempre bajito he cantao,
porque gritando no me hallo.
Grito al montar a caballo,
si en la caña me he bandeao.

Pero tratando un versiao,
ande se cuenten quebrantos,
apenas mi voz levanto
para cantar despacito.
Que el que se larga a los gritos,
no escucha su propio canto.


Si la muerte traicionera,
me acogota a su palenque,
háganme con dos rebenques,
la cruz pa' mi cabecera.
Si muero en mi madriguera,
mirando los horizontes,
no quiero cruces ni aprontes,
ni encargos para el Eterno.
Tal vez pasando el invierno,
me de sus flores el monte. 

Toda la noche he cantau,
con el alma estremecida,
que el canto es la abierta herida,
de un sentimiento sagrau.
A naides tengo a mi lau,
porque no busco piedad.
Desprecio la caridad,
por la vergüenza que encierra.
Soy como el lión de las sierras:
¡ vivo y muero en soledad ¡

La Zarzamora

Quintero, León y Quiroga

Carlos Cano

En el café de Levante,
entre palmas y alegrías,
cantaba la Zarzamora.
Se lo pusieron de mote
porque dicen que tenía
los ojos como las moras.
Le habró primero un tratante y olé
y luego fué de un marqués.
Que la llenó de brillantes y olé
de la cabeza a los pies.
Decía la gente que si era de hielo,
que si de los hombres se andaba burlando,
hasta que una noche con rabia de celos,
a la Zarzamora pillaron llorando.
Que tiene la Zarzamora que a todas horas
llora que llora por los rincones.
Ella que siempre reía y presumía
de que partía los corazones.
Del querer hizo la prueba y un cariño conoció.
Que la trae y que la lleva por la calle del dolor.
Los flamencos del colmao
la vigilan a deshora,
porque se han empestillao
en saber del querer desgraciao
que embrujó a la Zarzamora.
Cuando sonaban las voces,
una copla de agonía
lloraba la Zarzamora.
Mas nadie daba razones
ni el intríngulis sabía
de aquella pena traidora.
Pero una noche al levante y olé
fué a buscarla una mujer.
Cuando la tuvo delante y olé
se dijeron no se qué.
De aquello que hablaron ninguno sabía
más la Zarzamora lo dijo llorando,
en una coplilla que pronto corrió
y que ya la gente la va publicando.
Que tiene la Zarzamora que a todas horas
llora que llora por los rincones.
Ella que siempre reía y presumía
de que partía los corazones.
Lleva anillo de casado, me vinieron a decir.
Pero ya le había besado y era tarde para mí.
Que publiquen mi pecao y el pesar que me devora.
Y que tos me den de lao
al saber del querer desgraciao
que embrujó a la Zarzamora.

La bien pagá

Juan Mostazo

Carlos Cano

Ná te pido,
ná te debo
me voy de tu vera,
olvídame ya
que he pagao con oro
tus carnes morenas
no maldigas paya,
que estamos en paz.

No te quiero,
no me quieras
si to me lo diste,
yo ná te pedí
no me eches en cara
que to lo perdiste
también a tu vera
yo to lo perdí.

Bien pagá,
si tu eres la bien pagá,
porque tus besos compré
y a mí te supiste dar
por un puñao de parné
bien pagá, bien pagá
bien pagá fuiste mujé.

No te engaño,
quiero a otra,
no creas por eso
que te traicioné
no cayó en mis brazos,
me dió sólo un beso,
el único beso
que yo no pagué.

Ná te pido,
ná me llevo
entre esas paredes
dejo sepultás
penas y alegrías
que te he dao y me diste
y esas joyas que ahora
otro lucirás.

Bien pagá,
si tu eres la bien pagá,
porque tus besos compré
Y a mí te supiste dar
por un puñao de parné
bien pagá, bien pagá
bien pagá fuiste mujé.

El abuelo fue picador

Victor Manuel

Sentado en el quicio de la puerta
El pitillo apagado entre los labios
Con la boina calada y en la mano
Una vara nerviosa de avellano
Que recuerda su frente, limpia y clara
Quizá la primavera deshojada
El olor de la pólvora mojada
O el sabor del carbón mientras picaba
El abuelo fue picador
Allá en la mina
Y arrancando negro carbón
Quemo su vida
Se ha sentado el abuelo en la escalera
A esperar el tibio sol de madrugada
La mirada clavada en la montaña
Es su amiga más fiel nunca la engaña
Temblorosa la mano va al bolsillo
Rebuscando el tabaco y su librito
Y al final como siempre murmurando
Que María le esconde su tabaco
El abuelo fue picador
Allá en la mina
Y arrancando negro carbón
Quemo su vida

Romance de la pena negra

Del Romancero Gitano.

Federico García Lorca

Canta : Ana Belen

Las piquetas de los gallos
Cavan buscando la aurora
Cuando por el monte oscuro baja soledad montolla
Come amarilla su carne huele a caballo y a sombra
Y un queso ahumado a sus pechos gimen canciones redondas
Soledad por quien preguntas sin compañía y a estas horas
Pregunte por quien pregunte dime a ti que se te importa
Vengo a buscar lo que busco
Mi alegría y mi persona
Soledad de mis pesares caballo que se desboca
Al fin encuentra la mar y se lo tragan las olas
No me recuerdes el mar que la pena negra brota
En las tierras de aceituna
Bajo el rumor de las hojas
Soledad que pena tienes que pena tan lastimosa
Llora sumo de limón agrio de espera y de boca
Que pena tan grande corro a mi casa como una loca
Mis dos trenzas por el suelo de la cocina a la alcoba
Que pena me estoy poniendo de azabache carne y ropa
Hay mis camisas de hilo
Hay mi muslos de amapola
Soledad lava tu cuerpo con agua de las alondras
Y deja tu corazón en paz soledad
Y deja tu corazón en paz soledad montolla
Soledad montolla
Por abajo canta el rió volante de cielo y hojas
Con flores de calabaza la nueva luz se corona
Oh pena de los gitanos
Pena limpia y siempre sola
Oh pena de cause oculto y madrugada remota
Y madrugada remota