Su fama como compositora alcanzó en 1953 nivel nacional, cuando el conjunto Los Chamas grabó este tema inspirada en una lavandera afroperuana, Victoria Angulo, cuya gracia y donaire alabó.
La flor de la cadena
Esta composición traspasó incluso las fronteras, hasta convertirse en la canción representativa de la música peruana.
Déjame que te cuente limeño,
Ahora que aún perfuma el recuerdo,
Ahora que aún se mece en un sueño,
El viejo puente, el río y la alameda.
Jazmines en el pelo y rosas en la cara,
Airosa caminaba la flor de la canela,
Derramaba lisura y a su paso dejaba
Aromas de mistura que en el pecho llevaba.
Del puente a la alameda menudo pie la lleva
Por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera.
Recogía la risa de la brisa del río
Y al viento la lanzaba del puente a la alameda.
Déjame que te cuente limeño,
Ay, deja que te diga, moreno, mi pensamiento,
A ver si así despiertas del sueño,
Del sueño que entretiene, moreno, tu sentimiento.
Aspira de la lisura que da la flor de la canela,
Adornada con jazmines matizando su hermosura;
Alfombra de nuevo el puente y engalana la alameda
Que el río acompasará su paso por la vereda.
Y recuerda que…
Jazmines en el pelo y rosas en la cara,
Airosa caminaba la flor de la canela,
Derramaba lisura y a su paso dejaba
Aromas de mistura que en el pecho llevaba.
Del puente a la alameda menudo pie la lleva
Por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera.
Recogía la risa de la brisa del río
Y al viento la lanzaba del puente a la alameda.
Carne de yugo, ha nacido Más humillado que bello, Con el cuello perseguido Por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta A los golpes destinado, De una tierra descontenta Y un insatisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo De vacas, trae a la vida Un alma color de olivo Vieja y ya encallecida. Empieza a vivir, y empieza A morir de punta a punta, Levantando la corteza De su madre con la yunta. Empieza a sentir, y siente La vida como una guerra, Y a dar fatigosamente En los huesos de la tierra. Contar sus años no sabe Y ya sabe que el sudor Es una corona grave De sal para el labrador. Trabaja y mientras trabaja Masculinamente serio, Se unge de lluvias y se alhaja De carne de cementerio. A fuerza de golpes, fuerte, Y a fuerza de sol, bruñido, Con una ambición de muerte Despedaza un pan reñido. Cada nuevo día es Más raíz, menos criatura, Que escucha bajo sus pies La voz de la sepultura. Y como raíz se hunde En la tierra lentamente, Para que la tierra inunde De paz y panes su frente. Me duele este niño hambriento Como una grandiosa espina, Y su vivir ceniciento Revuelve mi alma de encina. Lo veo arar los rastrojos, Y devorar un mendrugo, Y declarar con los ojos Que por qué es carne de yugo. Me da su arado en el pecho, Y su vida en la garganta Y sufro viendo el barbecho
Tan grande bajo su planta. Quién salvará a ese chiquillo Menor que un grano de avena? De dónde saldrá el martillo Verdugo de esta cadena? Que salga del corazón De los hombres jornaleros, Que antes de ser hombres son Y han sido niños yunteros
Vencidos de hambre, heridos de alma enfermos de miedo, muertos de esperanza de nieve y de frío, llegaban a Francia corazones rotos, de mudas gargantas restos de naufragio, de la roja España.
Perdida la paz, perdida la causa perdidos los sueños, perdida la patria perdidos de todo, perdidos de España en tierra de nadie, en campos de rabia.
Porque Europa tiembla y el fascismo mata y el destino acecha y la guerra avanza y la muerte ronda tan cerca y tan flaca tan cruel y certera que a todos alcanza.
Aquí están y vienen los hijos de España los muertos sin nombre, los rostros sin cara aquí están y vuelven los que combatieron y dieron la vida por un mundo nuevo.
Aquí están y vuelven los hijos de España donde un canto muere otro se levanta aquí están y vuelven los hijos de España donde un canto muere el mío se levanta
Ni ángel con alas negras
Ni profeta del vicio
Ni héroe en las barricadas
Ni ocupa, ni esquirol
Ni rey de los suburbios
Ni flor del precipicio
Ni cantante de orquesta
Ni el Dylan español
Ni el abajo firmante
Ni vendedor de humo
Ni juglar del asfalto
Ni rojo de salón
Ni escondo la pasión
Ni la perfumo
Ni he quemado mis naves
Ni sé pedir perdón
Lo niego todo
Aquellos polvos y estos lodos,
Lo niego todo
Incluso la verdad
La leyenda del suicida
Y la del bala perdida
La del santo de oro
Si me cuentas mi vida,
Lo niego todo.
El tiburón de Hacienda
Confiscador de bienes
Me ha cerrado la tienda,
Me ha robado el mes de abril.
Si es para hacerme daño
Sé lo que me conviene
He defraudado a todos,
Empezando por mí.
Ni soy un libro abierto
Ni quién tú te imaginas
Lloro con las más cursis
Películas de amor
Un día, yo pregunté
Abuelo, ¿Dónde está Dios?
Mi abuelo se puso triste
Y nada me respondió
Mi abuelo murió en los campos
Sin rezos, ni confesión
Y lo enterraron los indios
Flauta de caña y tambor
Al tiempo, yo pregunté
Padre, ¿qué sabes de Dios?
Mi padre se puso serio
Y nada me respondió
Mi padre murió en las minas
Sin doctor, ni protección
¡Color de sangre minera
Tiene el oro del patrón!
Mi hermano vive en los montes
Y no conoce una flor
Sudor, malaria y serpiente
Es vida del leñador
Y que nadie le pregunte
Si sabe dónde está Dios
¡Por su casa no ha pasado
Tan importante señor!
Yo canto por los caminos
Y cuando estoy en prisión
Oigo las voces del pueblo
Que canta mejor que yo
Hay un asunto en la tierra
Más importante que Dios
Y es que nadie escupa sangre
Pa’ que otro viva mejor
¿Qué Dios vela por los pobres?
Tal vez sí y tal vez no
¡Pero es seguro que almuerza en la mesa del patrón!
Adiós ríos, adiós fontes
adiós, regatos pequenos;
adiós, vista dos meus ollos,
non sei cándo nos veremos.
Miña terra, miña terra,
terra donde m’eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei.
Prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña d’o meu contento.
Muiño dos castañares,
noites craras do luar,
campaniñas timbradoiras
da igrexiña do lugar.
Amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñiños antre o millo,
¡adiós para sempre adiós!
¡Adiós, gloria! ¡Adiós, contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conoso,
por un mundo que non vin!
Deixo amigos por extraños,
deixo a veiga polo mar;
deixo, en fin, canto ben quero…
¡quén puidera non deixar!
Adiós, adiós, que me vou,
herbiñas do camposanto,
donde meu pai se enterrou,
herbiñas que biquei tanto,
terriña que nos criou.
Xa se oien lonxe, moi lonxe,
as campanas do pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño,
nunca máis han de tocar.
¡Adiós tamén, queridiña…
Adiós por sempre quizáis!…
Dígoche este adiós chorando
desde a beiriña do mar.
Non me olvides, queridiña,
si morro de soidás…
tantas légoas mar adentro…
¡Miña casiña!, ¡meu lar!
Adiós, ríos; adiós, fuentes;
adiós, arroyos pequeños;
adiós, vista de mis ojos,
no sé cuando nos veremos.
Tierra mía, tierra mía,
tierra donde me crié,
huertecilla que tanto amo
higueruelas que planté.
Prados, ríos, arboledas,
pinares que mueve el viento,
pajarillos piadores,
casitas de mi contento.
Molino entre castaños,
noches de luz de luna
campanitas timbradoras
de la iglesia del lugar.
Zarzamoras de las zarzas
que le daba yo a mi amor
caminos de los maizales
¡adiós para siempre adiós!
¡Adiós, gloria! ¡Adiós, contento!
¡Casa donde yo nací,
dejo mi pequeño pueblo,
por un mundo que no vi!
Dejo amigos por extraños,
dejo vegas por el mar,
dejo en fin, cuanto bien quiero.
¡quién pudiera no dejar!
Adiós, adiós, que me voy,
hierbas de mi camposanto,
donde padre se enterró,
hierbas que he besado tanto
mi tierra que nos crió.
Ya se oyen lejos, muy lejos
campanas del manzanal
para mí, ¡ay! pobrecillo
nunca más me tocarán.
¡Adiós también, ay querida.
Adiós por siempre quizás!
Te digo este adiós llorando
desde la orilla del mar.
No me olvides, ay querida,
si muero de soledad.
tantas leguas mar adentro.
¡Adiós mi casa!, ¡mi hogar!
De alguna manera tendré que olvidarte, por mucho que quiera no es fácil, ya sabes, me faltan las fuerzas, ha sido muy tarde y nada más, y nada más, apenas nada más.
Las noches te acercan y enredas el aire, mis labios se secan e intento besarte. Qué fría es la cera de un beso de nadie y nada más, y nada más, apenas nada más.
Las horas de piedra parecen cansarse y el tiempo se peina con gesto de amante. De alguna manera tendré que olvidarte y nada más, y nada más, apenas nada más.
Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!