Vientos del pueblo

Miguel Hernández

Canta Jorge Cafrune .

«Vientos del Pueblo»

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas. Vientos del pueblo me llevan

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

El Poeta

Tú piensas que eres distinto
Porque te dicen poeta
Y tienes un mundo aparte
Más allá de las estrellas.

Tú crees que eres distinto
Porque te dicen poeta
Y tienes un mundo aparte
Más allá de las estrellas.

De tanto mirar la luna
Ya nada sabes mirar
Eres como un pobre ciego
Que no sabe a dónde va.

Vete a mirar los mineros
Los hombres en el trigal
Y cántale a los que luchan
Por un pedazo de pan.

Poeta de ciertas rimas
Vete a vivir a la selva
Y aprenderás muchas cosas
Del hachero y sus miserias.

Poeta de ciertas rimas
Vete a vivir a la selva
Y aprenderás muchas cosas
Del hachero y sus miserias.

Vive junto con el pueblo
No lo mires desde afuera
Que lo primero es el hombre
Y lo segundo, poeta.

De tanto mirar la luna
Ya nada sabes mirar
Eres como un pobre ciego
Que no sabe a dónde va.

Vete a mirar los mineros
Los hombres en el trigal
Y cántale a los que luchan
Por un pedazo de pan.

Atahualpa Yupanqui.

La Planta 14 en el pozo minero

La Planta 14 en el pozo minero
De la tarde amarilla
Tres hombres no volvieron
Hay sirenas, lamentos
Acompasados ayes
A la boca del pozo
Dos mujeres de luto
Anhelando dos cuerpos
Y una madre que rumia
Su agonía en silencio
Es el tercero
A las diez de la luna clara
Se refleja en las sortijas
Del patrón recién llegado
Con sombrero, gravedad
Y su aburrido gesto
El ha sido el primero
Vendrán gobernadores
Alcaldes, ingenieros
Tratarán de calmar
La presentida viuda
Que se muerde el pañuelo
No sabrán acercarse a la madre
Que les mira con los ojos resecos
A las dos el patrón mirará su reloj
Los otros ya se fueron
Y en un punto y aparte
Esbozará un fastidio
Mientras piensa
"Pero dónde están estos?"
Ha llegado tu relevo de bomberos
Y a la una menos diez de la noche
El primer muerto
Sentados en el suelo
Los mineros se hacen cruces
Y reniegan de Dios
Quién diría les pillara
De sorpresa la tragedia repetida
A veces el más bravo
Se le queda mirando fijamente al patrón
Con dientes apretados
Y el patrón con sombrero
Tiene dos policías a su lado
No hay cuidado
Tres horas lentas pasan
Y a la luz de las linternas asustadas
El cura con los ojos arrasados
Al segundo le va uniendo
Sobre el pecho, las manos
Y un chaval de quince años
Mientras llora impotente
Se abraza contra un árbol
Y el chófer del patrón, con su gorra de plato
Se siente desplazado
Es un hombre prudente, bien domado
El rocío ha calado hasta los huesos
Cuando sale el tercero
Que recibe con sonrisa gris azul
La madrugada y con voces los mineros
Mientras se abrazan todos
Y uno de ellos, el más fiero
Por no irse al patrón
Llora en el suelo
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Fuente: LyricFind
Autores de la canción: Victor Manuel San Jose

He cortado estas flores

Victor Manuel


He cortado estas flores para dejarlas
Allá donde haya gente mal enterrada
En las fosas comunes en los baldíos
También traigo un ramito de hierbabuena
Que no todo en la vida van a ser penas

Las dejaré esparcidas por toda España
Por tanta sangre inútil que nos reclama
No quiero hablar de gente con mala entraña
Que de la otra hay en todas las casas
Y traigo bajo el brazo una luna llena
Que no todo en la vida van a ser penas

Sabiendo que perdimos tantas batallas
Entre fuerzas contrarias que se desgarran
De vez en cuando vemos que algo se encaja
Por eso no perdemos toda esperanza

Ganamos en futuro con la palabra
Pero parece claro que eso no basta
Siempre estamos quitándonos alambradas
De esta patria que es doble madre y madrastra
Les traigo como almohada una nube blanca
Que no todo en la vida van a ser trampas

Victor Manuel

El joven Cobarde

Vivo en mi pueblo pequeño
La fe, la alegría, la paz del hogar
Hay una niña morena
Que tras el trabajo me llena de paz
Hay una ermita en el monte
Que todas las tardes escucho cantar
Y aquel arroyo tan claro
Que riega los campos que son nuestro pan
Era la tarde un suspiro
Y aquellos soldados llegaron acá
Quietos los niños y viejos
La gente más joven tendrá que luchar
Tiembla el fúsil en mi mano
Cerrando los ojos disparo al azar
Bala perdida que mata a cualquier
Inocente con ansia de paz
¿Por quién lucho yo? Si en mi corta vida
No existe el rencor
¿Por quién lucho yo?
Que vivo la vida con fe y con amor
Juan, debes callas
Esto es una guerra no lo has de olvidar
Juan, trata de olvidar
Aquella muchacha, la paz del hogar
Llegan los años de cárcel
Yo soy un cobarde no quiero matar
Dicen que nuestros soldados
Ganaron la guerra, renace la paz
Vuelvo a mi pueblo pequeño
La gente sonríe y murmura al pasar
Mira aquel joven cobarde
Que vuelve la espalda en vez de luchar
Dejo con pena las cosas
Que fui levantando, y solo sin más
Vivo aquí arriba en el monte
Soñando que un día pueda regresar

Victor Manuel

De vez en cuando La Vida

Joan Manuel Serrat

De vez en cuando la vida
Nos besa en la boca
Y a colores se despliega como un atlas
Nos pasea por las calles en volandas
Y los sentidos en buenas manos
Se hace de nuestra medida
Toma nuestro paso
Y saca un conejo de la vieja chistera
Y uno es feliz como un niño
Cuando sale de la escuela
De vez en cuando la vida
Toma conmigo café
Y esta tan bonita que da gusto verla
Se suelta el pelo y me invita
A salir con ella a escena
De vez en cuando la vida
Se nos brinda en cueros
Y nos regala un sueño tan escurridizo
Que hay que andarlo de puntillas
Por no romper el hechizo
De vez en cuando la vida
Afina con el pincel
Se nos eriza la piel, y faltan palabras
Para nombrar lo que ofrecen
A los que saben usarla
De vez en cuando la vida
Nos gasta una broma
Y nos despertamos sin saber qué pasa
Chupando un pavo sentado
Sobre una calabaza

Romance de la ausencia

Joaquín Diaz

- Caballero, caballero, ¿de dónde ha venido usted?
- De la guerra, señorita. ¿Qué se le puede ofrecer?
- ¿Ha visto usté a mi marido en la guerra alguna vez?
- No señora, no le he visto; deme las señas de ál.
- Mi marido es alto rubio; alto rubio aragonés
y en la punta de la lanza, lleva un pañuelo francés.
Se lo bordé cuando niña, cuando niña lo bordé,
uno que le estoy bordando, y otro que le bordaré.
Si a los siete años no vuelve, solita me quedaré
y a las dos hijas que tengo, monjitas las meteré.

Alfonsina y el mar

Mercedes Sosa 


Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma

Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada
En el canto de las caracolas marinas
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola
Te vas, Alfonsina, con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá, como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos harán
Una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado

Bájame la lámpara un poco más
Déjame que duerma, nodriza, en paz
Y si llama él, no le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve
Y si llama él, no le digas nunca que estoy
Di que me he ido

Te vas, Alfonsina, con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

Vagabundear

Letra y Música de Joan Manuel Serrat

Harto ya de estar harto, ya me cansé
de preguntarle al mundo por qué y por qué.

La Rosa de los Vientos me ha de ayudar
y desde ahora vais a verme vagabundear,

entre el cielo y el mar.
Vagabundear.

Como un cometa de caña y de papel,
me iré tras una nube, pa' serle fiel
a los montes, los ríos, el sol y el mar.
A ellos que me enseñaron el verbo amar.

Soy palomo torcaz,
dejadme en paz.

No me siento extranjero en ningún lugar,
donde haya lumbre y vino tengo mi hogar.
Y para no olvidarme de lo que fui
mi patria y mi guitarra las llevo en mí,

Una es fuerte y es fiel,
la otra un papel.

No llores porque no me voy a quedar,
me diste todo lo que tú sabes dar.
La sombra que en la tarde da una pared
y el vino que me ayuda a olvidar mi sed.

Que más puede ofrecer
una mujer...

Es hermoso partir sin decir adiós,
serena la mirada, firme la voz.
Si de veras me buscas, me encontrarás,
es muy largo el camino para mirar atrás.

Qué más da, qué más da,
aquí o allá...